Reconociendo a Presidentes y Representantes

Deseando que toda la Comunidad Zibateña haya iniciado este año con alegría y esperanza en sus corazones, y deseando por supuesto que la salud prime en sus hogares en todo momento, retomamos la charla que este canal nos facilita, para seguir ponderando los valores que han de arrimarnos bienestar, al convivir en Zibatá. En la columna de diciembre pasado, escribimos sobre la importancia de practicar algunos de ellos en beneficio de todos, pero hoy, permítanos iniciar el año destacando uno de esos valores en particular: la DISPONIBILIDAD.

Sin importar cuánto tiempo tengas viviendo en Zibatá, ya habrás tenido tiempo para descubrir las muchas tareas que demanda la comunidad vecinal, sobretodo si vives bajo régimen condominal; también habrás descubierto que la Asociación de Colonos no funciona como el “mago cósmico todopoderoso”, al cual podemos invocar para que resuelva problemas; ni que tampoco el hecho de contar con vigilantes en los pórticos, nos exenta de la inseguridad y la violencia… No. Vivir en comunidad implica el trabajo de todos.

Revisando cómo funcionan comunidades vecinales en los países nórdicos, donde se dice que están las sociedades más avanzadas del mundo, sorprende ver cómo basta colgar en algún lugar visible de éstas, la lista de tareas requeridas, esperando (tal como sucede) que los mismos vecinos, de manera voluntaria, se ofrezcan a cortar el césped, a recoger la basura, a pintar espacios comunales, a reparar alguna infraestructura averiada, o incluso, a pagar la adquisición e instalación de algún enser de necesidad comunal. La colaboración comunal es parte de su idiosincrasia, por lo que no se objeta en absoluto, y apuntar su nombre en alguna de las tareas de la lista es unacto de responsabilidad. En Japón -otro país ejemplar- el bien común es un asunto de honor, porque el respeto al derecho del otro está por encima del propio, y eso implica un celoso cuidado vecinal y comunitario. Los niños aprenden desde pequeños, en sus escuelas, que antes de empezar cualquier labor académica o productiva, todos deben contribuir a la limpieza del espacio común, barriendo, trapeando y sacudiendo sus salones de clase, por lo que hacerlo en sus comunidades y lugares de trabajo no tan solo es natural, sino un acto de honorabilidad.

Lamentablemente en México, nuestra manera de pensar es diferente; normalmente esperamos que sea otro el que nos sirva. Además, contrariamente a los países citados, el servicio comunitario es mal visto, porque tradicionalmente ha sido relegado al oficio de los niveles más bajos de la sociedad, partiendo quizá de la cultura de barrio que dio base a nuestras colonias urbanas, donde el personal de limpia municipal se hacía cargo.

Pero las cosas han cambiado y el perfil de las urbanizaciones también. De pronto llegamos a vivir en condominios o fraccionamientos privados, donde no entra el servicio municipal, y donde se requiere de la colaboración de todos para tomar decisiones y acciones respecto a las áreas comunes y los protocolos de seguridad y convivencia. Entonces, sorprendidos e incomodados por la demanda, empiezan a oírse voces al tenor de: “No tengo tiempo”, “Tengo niños que atender”, “Tengo mucho trabajo”, “Casi nunca estoy, les voy a fallar”, “No soy bueno(a) para ello”, etcétera. Sin embargo, las tareas no esperan, alguien tiene que hacerlas.

Dichosamente, todavía hay personas responsables, con conciencia social y comunitaria, que a pesar de no tener tiempo y tener muchas otras actividades prioritarias que  atender, ofrecen su comprometida disponibilidad al servicio de su comunidad, tan solo porque entienden que la colaboración, la participación y el liderazgo son necesarios para que una comunidad funcione; no obstante, muchos de ellos reciben injustamente crítica, exigencia, juicio y el reclamo de vecinos ingratos e  insensibles al trabajo que realizan todos los días en beneficio de su comunidad.

Por esta labor a veces invisible, pero nunca menor, hoy queremos reconocer y agradecer profundamente el trabajo de todos los Presidentes y Representantes de Zibatá, así como el de los vecinos involucrados en mesas directivas. A todos queremos extenderles nuestro respeto por la gran valía de su disponibilidad, para organizarnos y dar cohesión a nuestra comunidad zibateña. Por ustedes y con ustedes, seguiremos trabajando. ¡Feliz 2022! 

Por un Zibatá de orden y respeto, mejoremos nuestro nivel de conciencia.

Artículo publicado en enero de 2022.

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